Coloquio: “Cómo afrontar una Navidad sin compras”

CharlaNavidadSinCompras180Una veintena larga de personas participamos en Madrid el jueves 10 de diciembre en el coloquio sobre “Cómo afrontar una Navidad sin compras”, introducido por Inés Gámez, presidenta de la Asociación de Madres de Día Waldorf de Madrid e Ivón Cermeño, de Decrece Madrid.

Tras una breve presentación del grupo de Biotropía, Inés introdujo el tema hablando de la necesidad de prepararnos interiormente a cualquier evento, más aún a la Navidad, con sus múltiples repercusiones. La cultura consumista, expuso, es como una música de fondo que siempre está ahí invitándonos a comprar; y cuando va llegando este tiempo de Navidad es como si el volumen se subiera al máximo. ¿Cómo escapar de ello? Para Inés la respuesta pasa por crear espacios de vacío, de silencio, de mesura para que cuando llegue la Navidad podamos disfrutar más auténticamente. Es bueno, por tanto, que haya un tiempo de espera, de no consumir. El consumismo precisamente nos quita ese vacío necesario, ese espacio interior, y lo llena de mensajes publicitarios.

Refiriéndose a los regalos que se hacen a los niños, sobre todo en estas fechas, Inés lo tiene claro: Cuantos menos regalos y de más calidad, mejor. Y cuanto más elaborado esté el regalo, peor, porque le estamos privando al niño de la creatividad y la fantasía.

Por su parte, Ivón comenzó reconociendo que es imposible una Navidad sin compras y sin participar en celebraciones sociales y familiares. Vivimos en sociedad y eso forma parte de nuestra vida social. Lo cual no quiere decir que lo vivamos negativamente; al contrario, somos capaces de llevarlo bien.. Cuando nos proponemos un objetivo inalcanzable, nos frustramos. Y se trata de ser felices, llegando hasta donde podemos. Por eso, no habla tanto de una Navidad sin compras sino de una Navidad con compras… conscientes, una palabra muy repetida a lo largo de todo el coloquio. Desde la filosofía del decrecimiento se proponen “menos bienes de consumo y más bienes relacionales”, que son los que en definitiva contribuyen a nuestra felicidad.

Ivón comparte el valor de la austeridad, una palabra, reconoce, que no suena bien en nuestra cultura. Porque el sistema en el que vivimos no solo fomenta el precio (menor posible) sino también la cantidad (mayor posible) de productos que adquirimos. Nos olvidamos así de la elemental distinción entre valor y precio. Y “cuando compramos algo cuyo precio es inferior a su valor, estamos generando una deuda en alguna parte: alguien en algún sitio está perdiendo con ello”.

Respecto a propuestas prácticas, Ivón comenta, entre otros ejemplos, el valor de las “comidas de traje” (“yo traje esto; yo traje esto otro”), los regalos agrupados entre varias personas para evitar multiplicarlos o las plataformas de internet que favorecen el intercambio de regalos.

En el coloquio, se preguntó cómo escapar a la publicidad omnipresente. Dentro de la dificultad, Inés propone empezar por apagar la televisión y rechazar toda publicidad impresa, sobre todo de cara a los niños, los más vulnerables a los mensajes publicitarios.

Ivón añadía que que el sistema nos lanza un mensaje especialmente dañino y es el de que necesitamos consumir para contribuir a la economía y que si no lo hacemos estamos perjudicando a la sociedad, lo cual nos crea mala conciencia. ¡Pero es justo lo contrario! Se trata entonces de devolver la pelota a quienes nos proponen una vida de consumo y hacerles ver que, en todo caso, los sentimientos de culpa les corresponden a ellos.

Finalmente, nos preguntábamos si es posible mirar el futuro con esperanza: ¿es posible ganar la batalla al consumismo reinante? De momento, parece que somos una minoría los que nos lo hemos propuesto, pero una “minoría inmensa” y con razón. Eventos como los de este jueves nos ayudan a darnos cuenta de que no estamos solos en este propósito.

¡Gracias a todos!

 

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