Todo está relacionado

Todo está relacionado.

Todo está relacionado

Todo está relacionado

Cada día mueren de hambre 40.000 personas. Eso no es una casualidad ni una fatalidad. Sabemos por qué ocurre y sabemos que tiene que ver con la forma de vida de los habitantes de los países ricos. No solo con nuestra forma de vida, pero sí de una manera importante.

Todo está relacionado. La manera que tenemos de desplazarnos, de divertirnos, de aclimatar nuestras casas. La forma de producción y transporte de los alimentos que comemos. La ropa que vestimos. La polución atmosférica. El agotamiento de suelos, acuíferos y océanos. El cambio climático. La pérdida acelerada de la biodiversidad. Los cada vez más frecuentes “desastres naturales”, que sufren sobre todo los más pobres.

Todo está relacionado. El uso que hacemos del ordenador. El teléfono móvil. El dinero que pasa por nuestra cuenta corriente. El partido político al que votamos. La industria cosmética y farmacéutica. El aumento de enfermedades alérgicas y cancerígenas. La corrupción de los gobiernos. La contaminación de los ríos en China. La violencia callejera en las ciudades de Centroamérica. Las violaciones de mujeres en la R. D. Congo. El asesinato de líderes campesinos en Brasil.

Todo está relacionado. El fracaso escolar. La deriva moral. Las bajas por depresión. El cinismo de muchos gobernantes y la pasividad de muchos gobernados. La pérdida de derechos civiles largamente conquistados. La telebasura, el auge de la información deportiva y la exaltación del fútbol. La creciente concentración de riqueza cada vez en menos manos. La indiferencia internacional ante gobiernos totalitarios (salvo si el país es rico en recursos naturales).

Todo está relacionado. La vida de unos y la no-vida de otros. La desgracia de unos y la indiferencia de otros. El mundo que estamos dejando a nuestros sucesores y el mundo que ellos recibirán.

Ahora ya lo sabemos. Hemos comenzado por ser conscientes. Si no queremos que otros mueran como mueren, debemos dejar de vivir como vivimos. Si queremos que nuestros hijos puedan vivir dignamente, nosotros no podemos vivir de cualquier manera. Ahora ya lo sabemos. Y algunos ya están dando pasos. Muchos sueñan con otro mundo mejor posible y ya se han puesto en marcha.

Otros también nos hemos puesto en marcha y hemos empezado a cambiar nuestras pautas de comportamiento. Hemos comenzado por ahorrar agua y energía, por reciclar las basuras, por comprar café de Comercio Justo, por hacer donativos a ONGs, por adoptar ritmos de vida menos estresantes, por leer artículos de economía y análisis social, por pensar en los hambrientos del mundo a la hora de votar a los gobernantes de nuestro país… Cada uno desde donde está y hasta donde puede. Poco a poco. Descubriendo que tras cada paso viene otro más. Experimentando el bien que nos hace vivir así. Y sabiendo que al cambiarnos de esta manera a nosotros mismos estamos contribuyendo a cambiar el mundo. Sin caer en ingenuidades ni en derrotismos. Y aunque no veamos los resultados, el hecho de mantenernos juntos en el empeño nos hace más conscientes y nos confirma en el propósito, convencidos y con paz.

Y puesto que todo está relacionado, todo es necesario: la sobriedad y sensatez de vida, los hábitos de consumo, la espiritualidad, la ética, la economía, la política, los movimientos ciudadanos, la educación… Todo es necesario porque todo está relacionado. Cada uno desde lo que podemos y sabemos. Apreciando y valorando los esfuerzos de los demás. Apoyándonos unos en otros. Enseñándonos y ayudándonos. Contando incluso con aquellos que piensan (o pensamos) que están en un barco distinto. Cada uno en lo que podemos y sabemos, ampliando, con la ayuda de otros, nuestros ámbitos de comportamiento. Estamos cambiando el mundo.

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