En conversión

La palabra “conversión” (y el verbo “convertir/convertirse”) –que significa “transformación” (“transformar/transformarse”) tiene una amplia riqueza de sentidos:
– Transformaciones naturales o físicas: La oruga, bajo condiciones adecuadas, se convierte en mariposa. La materia orgánica al descomponerse se convierte en abono. El agua al evaporarse se convierte en vapor de agua. El páramo se ha convertido en un bosque.
– Transformaciones sociales: Aquel grupo de entusiastas se convirtió años después en el germen de un nuevo movimiento social. La asociación de vecinos se ha convertido en un lugar de encuentro de todo el barrio. El viejo mercado se convertirá en un centro cívico.
– Transformaciones personales, morales y/o religiosas: Su viaje a la India le convirtió en una persona distinta. Se convirtió de su mala vida. Se ha convertido al islam.

Todo esto lo aplicamos a los estilos de vida. Sabemos que en el mundo hay muchas cosas que necesitan ser transformadas y que mucha gente está intentando cambiarlas buscando un mundo mejor. Eso es siempre bueno y no entramos a debatir qué es mejor o más necesario. Aquí de lo que hablamos es de cambiar nuestros estilos de vida, como contribución a un mundo mejor para todos también para nosotros.

Pero sabemos que las transformaciones exteriores sirven de poco si no hay un cambio de actitud, de comportamiento, de mentalidad, valores y prioridades, en definitiva, del corazón. La palabra conversión nos habla no solo de un cambio externo sino también de un cambio interno.
Para los creyentes, además, este cambio de comportamiento tiene una componente espiritual, que tiene que ver con la dimensión transcendente de las personas, con Dios mismo y con nuestras mediaciones en la relación con Dios.
Y para los cristianos, un cambio movido e iluminado por el Evangelio y el ejemplo de Jesús, Señor y modelo. El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la Buena Noticia. (Mc 1, 15)

El verbo “convertirse” puede significar tanto “transformarse” como “ser transformado“. No todo depende de la voluntad propia. Por eso son importantes las “condiciones adecuadas” (bajo condiciones adecuadas temperatura, humedad…, la oruga se convierte en mariposa) que posibiliten las transformaciones. Y en el caso de las personas, no parece posible vivir en solitario estilos de vida en conversión. Los demás nos ayudan a transformarnos, nos estimulan y nos confrontan, con tal de que estemos dispuestos a dejarnos transformar.

La expresión “en conversión” señala también algo que está en proceso (en transición), en transformación permanente. Por eso no se podrá decir que una persona o comunidad “ya está convertida”. Personas y comunidades, sea cual sea el momento en que estemos, siempre estaremos “en conversión”. En este sentido, la expresión “comunidades en conversión” puede recordar mucho a “comunidades en transición”. Y ciertamente hay muchos puntos en común.

Pero este otro término es más explícito y completo en su significado, pues no se trata solo de transformar los estilos de vida sino, además, de darles un sentido moral: queremos cambiar nuestro estilo de vida buscando hacer el bien y no el mal, procurando que todos (incluidas también las generaciones futuras) tengan vida y vida en plenitud, con el objetivo de contribuir a otro mundo mejor posible.

Finalmente, hablamos de estilos de vida, en plural, porque no hay un punto de partida homogéneo ni mucho menos una respuesta única para todos. Cada uno desde donde está y hasta donde puede.

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